Mientras un funcionario comunista dijo ayer que más de 1…

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PEKIN

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 UN GRUPO de manifestantes protesta el miércoles en Alemania contra la represión en el Tbet.
WINFRIED ROTHERMEL / AP
UN GRUPO de manifestantes protesta el miércoles en Alemania contra la represión en el Tíbet.

Mientras un funcionario comunista dijo ayer que más de 1,000 personas están detenidas o se han entregado por su participación en las protestas del mes pasado en el Tíbet, se supo que el disidente chino Hu Jia, prominente activista de derechos humanos, fue condenado ayer a tres años y medio de cárcel por subversión, una sentencia calificada de ”provocación” por grupos pro derechos humanos y que amenaza con salpicar más los preparativos para los Juegos Olímpicos.

La sentencia del Tribunal Popular Intermedio Número Uno de Pekín, que también incluye la privación de los derechos políticos por un año, se dicta cuando todavía no se han apagado las críticas internacionales y los llamamientos al boicot olímpico tras las protestas en el Tíbet a mediados de marzo.

Hu, ”un padre desempleado”, según la sentencia, citada parcialmente por la agencia estatal Xinhua, “difamó el sistema político y social chino e instigó a la subversión contra el Estado, lo cual es un crimen de acuerdo con la ley china”.

Varias entrevistas que Hu, una de las voces más críticas con Pekín en los últimos años, concedió a medios extranjeros así como artículos en páginas web fueron usados para acusarle de un delito que es aplicado, con frecuencia, a disidentes y presos de conciencia en China.

Hu Jia, nominado el año pasado al premio Sajarov del Parlamento Europeo, recibió la condena con serenidad.

Mientras, los juicios a los detenidos del Tíbet se celebrarán antes del 1 de mayo, dijo Wang Xiangming ayer, de acuerdo con el diario Comercio del Tíbet, en un aparente indicio de la determinación del gobierno de acabar con la violencia antes de la inauguración el 8 de agosto de los Juegos Olímpicos de Pekín.

Las declaraciones de Wang ofrecen el panorama oficial más amplio hasta ahora de la magnitud de la batida contra las protestas antigubernamentales mayores y más sostenidas en áreas tibetanas, en el oeste de China, en casi dos décadas.

Pekín ha enviado miles de policías y paramilitares al área para tratar de mantener una tensa paz, capturar a los líderes de las protestas y aislar los monasterios budistas.

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