El Dalai Lama es la mejor esperanza

El Dalai Lama es la mejor esperanza

martes, 01 de abril de 2008
El prestigioso semanario inglés The Economist publicó un editorial en su edición del 22 de marzo del 2008, argumentando porqué el Dalai Lama es la mejor solución para China en el caso del Tíbet. Aquí les presentamos su traducción. Si desea leer la versión original en inglés la puede encontrar en:

http://www.economist.com/opinion/displaystory.cfm?story_id=10880709

Un Levantamiento Colonial

El Dalai Lama es la mejor esperanza para China de ganar la aceptación tibetana

George Orwell habría entendido las actitudes chinas hacia el Tíbet. En 1984 él acuñó el término doblepensamiento o la habilidad de creer en cosas contradictorias. Ya que los líderes chinos profesan creer tanto que la tradicional cultura tibetana es repugnante, llena
de superstición y crueldad, y que Tíbet es una parte innegable de China. También claman que el Dalai Lama, el líder espiritual del Tíbet, se esta volviendo irrelevante, sin embargo insisten en que se las arregló para fomentar los recientes manifestaciones de resentimiento anti-chino vistos en Tíbet.

El Dalai Lama es una constante irritación en los esfuerzos de China para lograr un completo respeto internacional. Su estatura y acceso a los líderes mundiales mantienen el tema del Tíbet vivo, aunque ningún gobierno reconoce su gobierno en el exilio. Y, como los líderes chinos deben de mala gana reconocer, retiene la lealtad de muchos tibetanos. En el 2005 conservacionistas, alarmados ante la amenaza de la vida salvaje en peligro de extinción debida a una moda tibetana de vestir pieles de tigre y otras, solicitaron al Dalai Lama denunciar esta práctica. Lo hizo, y los tibetanos prendieron fogatas con las pieles.

Así China persiste en ver al Dalai Lama como la encarnación de su problema tibetano . De hecho, él les ofrece la única salida plausible. La estrategia de China para tratar con él es esperar su muerte, e instalar un sucesor manejable. El año pasado paso un edicto dando al gobierno un rol al aprobar las nuevas encarnaciones de los budas vivientes . Pero esta estrategia está condenada. Ningún sucesor tendrá tal veneración. Y así ninguno será un tan persuasivo vocero de la no-violencia y del camino medio para el Tíbet [N. Del T.: esto se refiere a que S.S. el Dalai Lama acepta que Tíbet forme parte de China, pero con un gobierno realmente autónomo], lejos de la completa independencia que muchos tibetanos creen es su derecho de nacimiento.

La furia, los incendios provocados, el vandalismo y el baño de sangre visto en Lhasa en los días recientes no fueron instigados por el Dalai Lama. Estos hicieron erupción a pesar de sus frecuentes llamados a contenerse, y fueron en parte una consecuencia al rechazo de China de involucrarse en algo más que divagantes pláticas con sus representantes. Podría ser peor: para su gran crédito, los nacionalistas tibetanos muy difícilmente han recurrido a tácticas terroristas, aunque los activistas exiliados apuntan que la vía ferroviaria que abrió en el 2006 uniendo Tíbet y China ofrece un blanco obvio.

Pláticas serias con el Dalai Lama, y la posibilidad de su retorno a casa por primera vez desde que escapó al exilio en India después del levantamiento de 1959, podría ayudar a apaciguar el enojo tibetano. También podría ayudar a reivindicar a aquellos que argumentaron que la escenificación de los Juegos Olímpicos en Beijing haría a China menos represiva. Le daría a China la oportunidad, tardíamente, de honrar la promesa de autonomía que le dio al Tíbet en 1951, en un acuerdo impuesto al joven Dalai Lama. Fomentaría su imagen alrededor del mundo, y aún Taiwan, podría ser menos adversa a la idea de la soberanía china.

Una bota en la cara

Pero China no muestra ningún signo de ser persuadida por estos argumentos. Más bien parece intentar usar los Juegos Olímpicos para ostentar su control del Tíbet, mientras la flama marcha en Lhasa. Como en cualquier otro lugar de China, espera que el avance económico suavice las llamadas a la libertad política. Y como en otras áreas donde las minorías étnicas han estado intranquilas Mongolia Interior y, especialmente, Xinjiang- espera que la migración de la mayoría de chinos Han empantane los sentimientos nacionalistas. A menos y hasta que eso ocurra, siempre existe la fuerza pura. Esta ha sido usada esta vez con más discreción que en el pasado. Pero aún así parece ser el medio que China parece haber elegido para gobernar Tíbet. Como en la distopía de Orwell, su imagen del futuro parece ser el de una bota pisoteando una cara humana, para siempre. No es necesario que sea así.

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