Olímpicas represiones, desde Tlatelolco al Tibet

Olímpicas represiones, desde Tlatelolco al Tibet

 
El fuego del Olimpo deportivo, con un trasfondo social de excepción.

 

Las protestas que estallan al paso de la antorcha olímpica intentan evitar que los Juegos Olímpicos de Beijing terminen relegando a un segundo plano la masacre de tibetanos, como ocurrió con los estudiantes acribillados en la Plaza de las Tres Culturas días antes de las olimpíadas del 68 en México.
 
El blanco es esa antorcha que atraviesa ciudades en su largo viaje a Beijing. Lanzarse sobre el pelotón de atletas intentando sofocar la llama, se ha convertido en la regla de este recorrido; y en cada urbe algún grupo expresa su protesta de manera llamativa, como en San Francisco, donde los denunciantes escalaron las torres del Golden  Gate.

A esta altura, la cúpula dirigente china empieza a temer que los Juegos Olímpicos queden en la historia por la insólita y mundializada protesta contra la represión en el Tibet, y no por los acontecimientos deportivos y el esplendor de la presentación del evento.

Tal vez no sea justo que las Olimpíadas tengan que pagar por los conflictos y los estropicios de los gobiernos; de hecho este tipo de protestas no ocurren con los mundiales de fútbol a pesar de que algunos fueron organizados por dictaduras atroces, como Argentina ’78. En el caso de las Olimpíadas, las protestas políticas son inevitables y, en este caso, por primera vez se dan en forma globalizada, siguiendo el patrón de las manifestaciones globalifóbicas en los eventos económicos de las potencias capitalistas.

Por estos días mucho se dice y escribe sobre los boicots y protestas que sufrieron los juegos olímpicos realizados en el siglo 20. Las crónicas parten de las Olimpíadas de Londres en 1906, a la que se negaron a ir los atletas irlandeses por la negativa británica a aceptar la independencia que reclamaba Dublín y que recién conseguirían, casi dos décadas más tarde, el Seinn Fein y los líderes republicanos Edmund de Valera y Michael Collins, asesinado por el IRA al aceptar la separación de los seis condados de Irlanda del Norte.

Si una olimpíada mereció ser mundialmente boicoteada fue la de Berlín en 1936, que se realizó mientras el Tercer Reich apoyaba la rebelión falangista en España y fue la más grosera demostración de propaganda ideológica, consagrada a proclamar la superioridad de la raza aria. Pero el repudio internacional ni siquiera se hizo oír cuando, frustrado por la derrota de su ejemplar teutónico, Adolf Hitler se negó a felicitar en el estadio a la gran estrella olímpica, el norteamericano Jesse Owen (que ganó tres medallas de oro) por ser negro.

También se habría justificado un boicot generalizado contra los Juegos Olímpicos de 1968 en México, ya que diez días antes en el Distrito Federal se produjo una de las más brutales represiones de la historia mejicana, y estuvo indirectamente vinculada al evento deportivo. Ocurre que, sabiendo que la atención de la prensa mundial se posaría sobre México, los estudiantes de la Universidad Autónoma  y otras unidades académicas ganaron las calles para manifestarse contra las represiones que el ejército estaba perpetrando desde hacía meses contra la protesta estudiantil. Y para conjurar el riesgo de masivas marchas durante las Olimpíadas, ejército y policía abrieron fuego sobre la multitud que se manifestaba en la Plaza de las Tres Culturas.

Aquella sangría que quedó en la historia como la Masacre de Tlatelolco guarda un horroroso parecido con lo ocurrido en Lhasa, la ciudad donde monjes y estudiantes tibetanos salieron a reclamar la independencia para llamar la atención a la prensa mundial que confluye a cubrir las olimpíadas de China y, como lo hizo en el 68 el presidente mexicano Díaz Ordaz, el líder chino Hu Jintao ordenó una represión cuyas víctimas fatales ya se cuentan por decenas.

Varios años después el mundo empezó a tomar conciencia de lo que había ocurrido en Tlatelolco, pero aquella rebelión masacrada que marcó un punto de inflexión en la historia del poder del PRI, no evitó que las olimpiadas se realizaran dos semanas después y que la prensa mundial hablara más de los atletas que de los estudiantes muertos. Además, otras rebeliones con sus respectivas represiones, como el Mayo Francés y la Primavera de Praga, eclipsaban todo lo demás en la tapa de los diarios.

En la historia de los Juegos Olímpicos, donde al sabotaje más cruento lo perpetró la organización terrorista Setiembre Negro al masacrar a los atletas judíos en Munich 1972, hubo otros varios boicots. Por caso, el de los países africanos contra Nueva Zelanda en Montreal 1976, en protesta porque los All Blacks habían jugado contra la selección sudafricana de rugby; y en 1980, cuando Estados Unidos logró que 62 países no participen en los juegos de Moscú en protesta por la invasión soviética a Afganistán; boicot que fue respondido por Moscú yt los países del Pacto de Varsovia contra las Olimpíadas de Los Angeles en 1982.

En este caso, donde los juegos olímpicos llegan precedidos de una masacre, sólo los gobiernos de Francia y Gran Bretaña insinuaron la posibilidad de boicotear el evento deportivo sino se detenía de inmediato la represión en el Tibet. El resto de los países tienen demasiados intereses atados al crecimiento de la economía china como para desafiar al gigante asiático, y Estados Unidos, por su parte, no quiere avalar un método que muchos podrían aplicar contra los próximos juegos en territorio norteamericano.

De momento, las insólitas protestas que van estallando al paso de la llama olímpica, más que los gobiernos y las dirigencias del mundo, están demandando que con los tibetanos recientemente masacrados no ocurra lo mismo que con aquellos estudiantes acribillados en Tlatelolco, días antes de que el fervor olímpico se instale en México.

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: