Fronteras tibetanas de China reviven tradición rebelde

Fronteras tibetanas de China reviven tradición rebelde

Por Chris Buckley

 

ZHUONI, China (Reuters) – A través del oeste montañoso de China, tropas armadas vigilan los monasterios y pueblos tibetanos que han resultado ser semilleros de protestas, despertados por las tradiciones de rebeldía y los nuevos conflictos económicos.

 

Más que la Región Autónoma del Tíbet misma, donde el mes pasado estallaron protestas contra China y disturbios, las partes históricamente tibetanas de las provincias vecinas han desafiado los esfuerzos por sofocar el descontento con el envío de tropas, cortes de ruta y patrullas, y advirtiendo sobre duros castigos para quienes infrinjan la ley.

 

En Zhuoni, un condado en la provincia de Gansu al noroeste, los manifestantes a mediados de marzo incendiaron una escuela, montaron su propio corte de ruta y destrozaron automóviles de funcionarios, según los residentes.

 

Un viaje reciente a lo largo de sus carreteras vigiladas dejó en claro que las protestas habían terminado. Las ventanas rotas de las oficinas de la policía local y de las tiendas propiedad de chinos habían sido rápidamente reparadas, y los comerciantes estaban regresando a las polvorientas calles.

 

Pero los tibetanos del lugar y de todo Gansu hablaron con enfado de la campaña del Gobierno contra el líder budista tibetano exiliado, el Dalai Lama, y de los cambios económicos que dijeron favorecían a los inmigrantes chinos de Han y a los mercaderes musulmanes de Hui en las ciudades cercanas.

 

“Hay cada vez más aquí, de modo que no podemos desarrollarnos,” dijo Tsairang, un pastor y granjero. El hombre rechazó las afirmaciones del Gobierno de que los partidarios del Dalai Lama orquestaron los disturbios.

 

“No fue el Dalai Lama. El es como un miembro de nuestra familia a quien no se le permite venir a casa. No se lo puede culpar,” agregó.

 

Gansu y las cercanas provincias de Sichuan y Qinghai han visto brotes de protestas anti chinas desde mediados de marzo.

 

Semanas atrás, los tibetanos se enfrentaron con la policía en Sichuan, con un saldo de ocho personas muertas, según grupos en el extranjero que apoyan la independencia tibetana.

 

En marzo, 94 personas resultaron heridas en disturbios ocurridos en todo el sur de Gansu, enfrentamientos que dejaron un saldo de 32,6 millones de dólares en pérdidas materiales, según la agencia estatal de noticias Xinhua.

 

Es probable que las tradiciones de la fe budista y la rebeldía política que unen estas regiones con el Dalai Lama y sus esperanzas, al igual que las dificultades económicas, mantengan estas zonas como un terreno propicio para el conflicto.

 

“Típicamente son estas zonas las que han estado al frente de la resistencia ante las políticas chinas,” dijo Andrew Fischer de London School of Economics, quien ha estudiado de cerca las tierras fronterizas de las provincias a veces denominadas “Tíbet oriental.”

 

“Ellos son extremadamente fuertes. Tíbet oriental generalmente ha sido mucho mas fuerte que Lhasa, y eso parece reflejarse en el patrón de sus protestas,” agregó.

 

DE CERDOS A YACS

 

Las tierras tibetanas étnicas de las provincias de Sichuan, Yunnan, Gansu y Qinghai varían enormemente desde zonas hace tiempo acostumbradas a la cultura china Han hasta otras donde puede ser difícil hallar un residente que hable mucho mandarín.

 

En el norte de Sichuan, hace mucho que los tibetanos “Baima” practican la ganadería intensa y la cría de cerdos, y absorben gran parte de la cultura de los próximos chinos Han.

 

En el pueblo de Xiangsujia, los residentes decoran sus casas con afiches de Mao Zedong y otros héroes del Partido Comunista, y adoran a espíritus locales y no al budismo.

 

“Hemos aprendido a vivir junto a los chinos Han. Eso es algo natural, ¿no?,” dijo Anzhu, trenzándose el cabello junto al fuego.

 

“Ahora todos aprendemos chino. No sirve aprender tibetano. No puede conseguirte un empleo, ni siquiera como maestra de escuela,” agregó.

 

Pero más arriba en las montañas de Sichuan y Gansu, o Khan y Amdo como los lugareños denominan a las regiones, las cabras y las parcelas de vegetales dan lugar a yacs, campos de trigo y cebada y las distintivas casas de piedra o de barro y paja de las tierra elevadas del Tíbet.

 

Hace mucho que estas zonas más aisladas albergan una rebeldía para con el dominio exterior, especialmente respecto de las políticas de los tiempos modernos provenientes de Pekín.

 

En los puestos fronterizos comerciales y en las ciudades con monasterios como Litan y Aba en Sichuan, los pastores favorecen los sombreros de vaqueros y las motocicletas decoradas con tradicionales diseños tibetanos y motivos religiosos.

 

Dimtsenema, un comerciante de hierbas medicinales de Aba, dijo que no le sorprendía que su región natal hubiese visto enfrentamientos tan tempestuosos.

 

“Entre los tibetanos, la gente de aquí es famosa por su valentía,” comentó durante una breve conversación telefónica con Reuters. Los periodistas extranjeros no pueden ingresar en Aba.

 

“Nos llaman los hombres ‘kangba’. Eso significa que aquí somos más duros que en cualquier otra parte. Siempre hemos sido los primeros en luchar y los últimos en bajar los brazos,” añadió.

 

Los monjes de los monasterios de estas partes también han desarrollado una fuerte devoción para con el Dalai Lama, a quien Pekín condena como un traidor “separatista.”

 

En viajes anteriores a Sichuan, los monjes exhibían imágenes del líder bajo sus túnicas coloradas y algunos monasterios tenían salas privadas dedicadas al Dalai Lama.

 

DUREZA ECONOMICA

 

Pero si bien las protestas inspiradas por monjes usaban lemas políticos por la independencia tibetana y el regreso del Dalai Lama, los disturbios superpuestos en estas zonas con frecuencia han atacado los símbolos del cambio económico, especialmente comercios pertenecientes a chinos.

 

Hasta las protestas, los esfuerzos de China por llevar el desarrollo a las zonas del oeste parecían haber suavizado el malestar, y los tibetanos sin duda no son los únicos que están padeciendo penurias.

 

En las áridas colinas de Gansu, las aldeas de los chinos Han y de los musulmanes Hui quienes, dejando la religión de lado, se asemejan a los Han, parecen ser tan pobres como los pueblos tibetanos.

 

En comparación, algunos tibetanos en el oeste de Sichuan y otros lugares también se han enriquecido con el turismo, la construcción y las tradicionales hierbas medicinales tibetanas que ahora son populares entre los chinos.

 

Pero los tibetanos dijeron que la expansión del turismo y las inversiones impulsadas por el estado favorecían a los inmigrantes calificados y comerciantes musulmanes Hui en lugar de a los pastores poco educados.

 

“Los hombres que no pueden leer o escribir chino, ven a otras personas ganando dinero, conduciendo autos, y eso los enfurece. Piensan que merecen parte de ello,” dijo Kaili, una mujer tibetana en Zhuoni.

 

“Creo que ese fue el motivo por el que las protestas en marzo se volvieron violentas,” agregó.

 

(Editado en español por Patricia Avila)

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