La antorcha y el nacionalismo chino

La antorcha y el nacionalismo chino

EFE)

Ampliar foto

Imagen de la acogida a la antorcha olímpica en Tanzania. (Foto: EFE)

Por ORFEO SUÁREZ

PEKÍN.- Los aros olímpicos, en este caso de imitación, se venden a euro y medio en la misma Muralla china, distribuidos por vendedores mongoles que desafían un sol de justicia. Dotados de un genético sentido comercial, por lo que piden un precio díez veces superior al real para iniciar la negociación, han interiorizado que los símbolos son una oportunidad de hacer de dinero. Lo mismo ocurre en las calles de Pekín, ajena a los ecos de la contestación por el ultraje a los derechos humanos tanto como, al menos durante estos días, a la contaminación.

Los medios oficiales manejan imágenes de las buenas acogidas a la antorcha, no de las protestas por una causa, la tibetana, por la que los pekineses, todo hay que decirlo, no tienen demasiadas simpatías. Los hijos de la ‘segunda revolución’, los jóvenes, están más preocupados por el materialismo que por el idealismo en un país que parece adaptarse al capitalismo con mayor dinamismo del que provocó el colapso en las repúblicas ex soviéticas, mientras los miembros del partido miran para otro lado y recurren al pragmatismo de que en China lo primero es “alimentar cada día a 1.300 millones de personas”.

Cuando se les advierte de que las protestas en el extranjero, muchos las interpretan como un ataque, presas de un nacionalismo que el régimen ha sabido patrimonilizar con un maniqueísmo muy estratégico: quien ataca al partido, ataca a China; quien ataca a China, ataca al partido. La antorcha es, pues, la representación de ese país que quiere mostrarse al mundo. Ésa es la trampa o la realidad aceptada en la que se encuentra buena parte de la población, sobre todo joven, que empieza a coquetear con la Red, a ver de cerca los lujos occidentales que sus padres, crecidos en los tiempos duros del ‘pequeño timonel’, ni siquiera conocían. La calle de Pekín se mueve, pues, en ese complejo cóctel que forman la desinformación, la complacencia por nel futuro que abre la apertura económica y un fuerte sentimiento nacionalista del que el Tíbet no es precisamente un aliado.

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: