Democracia o déficit

Democracia o déficit

No es lo mismo predicar que dar trigo. Hace unos días, el Parlamento Europeo aprobó una resolución instando a los países miembros a que boicoteasen las ceremonias de apertura de los Juegos Olímpicos y la semana que viene el presidente de la Comisión, José Manuel Barroso, viaja a Pekín a tratar de enderezar las relaciones comerciales, que en resumen significan para nosotros un déficit de 170.000 millones de euros, solo en 2007. Pregunta: ¿qué le dirá Barroso a los chinos sobre la democracia, el respeto a los derechos humanos en Tíbet y las Olimpiadas de este verano? Pues ya se lo pueden imaginar, nada o como mucho nada que les pueda molestar.

Y sin embargo, se trata de un asunto de vital importancia, cuyos costes pueden revelarse en el futuro mucho más importantes de lo que hoy somos capaces de imaginar. La sociedad china ha reaccionado a las «indecentes» críticas europeas con una campaña contra los productos franceses y hasta ahí ha llegado nuestra defensa de los principios de la democracia abierta. Estamos empezando a vender nuestra tranquilidad por un plato de lentejas y no tardaremos en poner nuestro futuro en manos de un régimen comunista que no tiene principios en materia de respeto a la idea de libertad individual y que actúa en el mundo al margen de toda ética.

En Europa fue la sensibilidad de la sociedad ante las imágenes de brutalidad en el Tíbet la que obligó a sus dirigentes a expresar críticas razonables. En China ha sido el Gobierno el que ha azuzado a las masas a responder con un inquietante fervor patriótico. Es verdad que, cuanto más ricas son, menos propensas son las sociedades a preferir los riesgos de una confrontación o incluso una guerra, porque el cálculo de las pérdidas ayuda a serenar los ánimos. Sin embargo, la única garantía de paz para una democracia es que sus socios sean también sociedades democráticas. Al contrario, depender de potencias cuyos dirigentes no tienen que someterse al control de la sociedad que gobiernan es siempre un mal negocio. La democracia en China es más importante para Europa que el déficit.

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