Los ‘Laogai’

Los ‘Laogai’

Jaime Rodríguez Arana      
Jaime Rodr�guez Arana

La proximidad de las Olimpíadas en China está poniendo al descubierto algunas de las más importantes carencias del sistema político de ese gran país. Los recientes acontecimientos ocasionados por la represión de los monjes budistas en el Tíbet a manos del ejército chino no está dejando en buen lugar la situación de los derechos humanos en China. Ahora, como nos revela uno de los últimos números de Aceprensa que he consultado estos días, parece que ha empezado la polémica acerca del sistema penitenciario logai, ‘paraíso’ carcelario en el que, según parece, viven miles de detenidos sin juicio previo.

Laogai es una expresión que abreviadamente significa ‘reforma a través del trabajo’ que tiene, en el marco del sistema penal chino, la función de reeducación del detenido, tarea que debe llevar al prisionero a reconocer sus errores, sus faltas para aprender a comportarse como un buen revolucionario. Además de este lavado de cerebro, los detenidos en las cárceles chinas constituyen una barata fuerza de trabajo, pues han de realizar las tareas que las autoridades les indiquen como parte de ese ejercicio de desagravio. Tal panorama recuerda la metodología de los campos de concentración nazis o soviéticos que hemos conocido a través de los testimonios de los supervivientes, muchos de los cuales han inspirado famosas películas de cine que seguramente estarán en la mente de los lectores.

Un disidente chino, Harry Wu cuenta en un libro su experiencia en un laogai no hace mucho tiempo: ‘apenas se sabe nada sobre la articulada complejidad del sistema de campos de trabajos forzados que habían mantenido, y mantienen, encarcelados a millones de ciudadanos chinos en condiciones brutales y deshumanizadoras y, en la mayoría de los casos, sin sentencia ni juicio previo’. Ciertamente, en Occidente poco o nada sabemos acerca de este peculiar sistema de castigo que según parece todavía, en pleno siglo XXI, campea en China.

Los comentarios de este disidente, que podrán o no creerse desde luego ponen los pelos de punta. Desde su punto de vista, el sistema penal chino reconoce al Gobierno el derecho de arresto y detención de disidentes sin cargos formales. Estas gentes son confinadas a los loagai en dónde las autoridades intentan castigar y suprimir los ‘delitos’ de disidencia política y religiosa. Justo el mismo argumento que llevó a millones de seres humanos a los campos de concentración ideados por Hitler o Stalin. Según cuenta Harry Wu, aunque el régimen chino intentó eliminar el término laogai en los años noventa del siglo pasado ante la presión internacional, el mecanismo represivo mantiene intactas las características del pasado: ‘tienes que renunciar a tus creencias políticas y religiosas, dice Wu, y reconocer que vives por y para el comunismo: ese es el objetivo (…). Trabajábamos dieciocho horas al día, siete días a la semana y durante todo el año’.

¿Conocerá la opinión pública mundial la realidad de China o sólo se expondrá en la gran pantalla lo políticamente correcto, lo que el régimen quiere que trascienda al exterior?

(*) Jaime Rodríguez-Arana es catedrático de Derecho administrativo

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