¡Que llega la antorcha!

¡Que llega la antorcha!

Moncho Conde-Corbal
Moncho Conde-Corbal

Va llegando la antorcha a su destino, China, potencia de economía emergente que cambiará nuestras vidas. Ojalá fuera antorcha buscapersonas de Diógenes, pero no, es antorcha polémica, la misma que la ha liado fuerte desde el principio de salir de Atenas. Incidentes todos los días, tratando de soplar su llama los defensores de la libertad en general, y de la del Tibet en particular, que no quisieron lavar sus manos en pila de Pilatos moderna ni cerrar sus ojos como los cierran ciertos objetivos de cámaras periodísticas reprimidas por auténticos represores de una nación que da cumplida sentencia, cada día, a condenas de muerte, según denuncia Amnistía Internacional.

Antorcha peligrosa por dudas generadas con su incandescente independencia. Por un lado, la opinión del mundo deportivo, casi todos a una y porque les interesa, separando causas políticas de deportivas, e incluso avalando las primeras con hipotético valor curativo de la práctica y competición deportiva. Pero, por otro lado, opinión negativa de activistas políticos que piensan no es tolerable aplaudir espectáculo donde no hay libertad, ni que sea posible exista espíritu deportivo donde no hay espíritu cívico, o que haya ganas de ganar donde no hay ganas de respetar al que piensa distinto y quiere recuperar su estancia sagrada de ser individual. El líder actual más polémico y revistero, Sarkozy, en su día puso en cuestión la representación gala en la inauguración de la gran fiesta, como acto de protesta por desproporcionada represión tibetana; en un principio sembró críticas por presunto protagonismo, pero, posteriormente, a su idea se sumaron diferentes frentes occidentales, imponiendo a China condición para cambiar de postura: recibir al Dalai Lama, quien, por cierto, nunca puso en peligro la celebración de la cita olímpica por su causa. Y a él mismo no, pero sí, al menos, recibieron los mandarines a enviados suyos, sin duda con distinta cortesía que a Gallardón, que no se cortó nada con el filo de la navaja que afila el régimen chino; mas, ¿qué iban a conseguir dos hábitos entre millones de amarillos? Ahora, ya cambió de opinión el líder francés y demás políticos, que no el guapo Richard Gere, o premio nobel de la paz Desmond Tutú, que han clamado por la libertad del Tibet en gran desierto de inte reses económicos.

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