China olímpica

China olímpica

Por:  Sergio Sarmiento

JAQUE MATE

“La pobreza no es socialismo: lo glorioso es ser rico”.

Deng Xiaoping

China buscó organizar los Juegos Olímpicos de este 2008 con el propósito de ofrecer una especie de presentación oficial en el concierto de las naciones. A pesar del rápido desarrollo de su país en las últimas décadas, los gobernantes chinos sienten que su nación todavía no es aceptada como igual por las grandes potencias. Tienen, por lo tanto, en los Olímpicos un objetivo similar al que tuvo y logró Japón con los juegos de 1964.

Los organizadores de Beijing 2008 no han querido dejar nada al azar. Recurrieron, incluso, a la vieja tradición de las supersticiones. En la antigua China el número ocho era considerado de buena suerte y por eso los organizadores escogieron el 8 de agosto para la inauguración. Así, la ceremonia está teniendo lugar el 8 del 8 del 08. Por si hubiera alguna duda, se ha elegido también las ocho de la noche para empezar los festejos. Y no falta quien diga que todo está arreglando para dar comienzo realmente a las ocho con ocho minutos.

La apuesta del Gobierno chino, sin embargo, ha resultado muy complicada y, a ojos de algunos, contraproducente. Los Juegos Olímpicos han sido precedidos por una serie de acontecimientos negativos. En marzo de este año se registraron disturbios en el Tíbet, una región ocupada por China desde 1950. El recorrido de la antorcha olímpica fue objeto de controversia. Se han registrado también ataques terroristas y protestas en China. Éstas habrían generado normalmente nula atención de los medios internacionales de comunicación, pero ahora han sido noticia de primera plana en todo el mundo. Y todo es culpa de los Juegos Olímpicos.

El Gobierno chino realizó una intensa campaña diplomática para lograr que un gran número de mandatarios y dignatarios extranjeros acudiera a la ceremonia de inauguración. Después de que los disturbios en el Tíbet fueron reprimidos, muchos mandatarios importantes empezaron a dudar. Al final el Gobierno chino obtendrá la participación deseada, pero a un costo elevado. El presidente de los Estados Unidos, George W. Bush, por ejemplo, sí estará presente, pero para salvar las críticas en casa ha cuestionado las violaciones a los derechos humanos en China, ante la furia de sus anfitriones.

Ni siquiera la naturaleza ha querido colaborar. En mayo se registró un terremoto de 7.9 grados en la escala de Richter en la provincia sureña de Sichuán que dejó alrededor de 70 mil muertos. En junio se registraron inundaciones devastadoras que mataron a cientos y afectaron a millones en la costa sudoriental del país. La tradicional contaminación de Beijing, la capital, se ha mantenido a niveles inusitadamente altos, a pesar de que se han aplicado severas restricciones a la circulación de vehículos, la actividad industrial y la construcción.

Al final los juegos serán seguramente exitosos. No sólo el Gobierno, sino la nación entera, están poniendo todos sus recursos y esfuerzos para lograr unos magníficos Olímpicos. La organización será impecable y, para colmo, los competidores chinos conseguirán muchos triunfos. China mandará al mundo el mensaje de que ya es una potencia mundial que debe ser respetada. Y no habrá duda de ello después de los Olímpicos. Pero también quedará claro que el talón de Aquiles del país es esa falta de democracia y de un Estado de Derecho que los dirigentes chinos consideran como una de las fortalezas de su Estado.

Tras la muerte de Mao Zedong, Deng Xiaoping entendió que si China quería escapar a la pobreza necesitaba abandonar los dogmas del marxismo y adoptar las reglas económicas del capitalismo. Las reformas que impulsó desde entonces, y que han sido continuadas por sus sucesores, han convertido a China en el país con más rápido crecimiento del mundo. Si bien China sigue siendo un país pobre, lo cual no sorprende si se consideran los niveles abismales de subdesarrollo en que Mao dejó a su país tras un cuarto de siglo de Gobierno, sus avances en las últimas tres décadas han sido espectaculares. Unos 500 millones de chinos han dejado de vivir en la pobreza extrema.

Lo que quedó del viejo orden comunista fue el autoritarismo. Ni Deng ni sus sucesores consideraron necesario tener un régimen de libertades. Los jerarcas chinos fortalecieron su actitud con el desplome de la Unión Soviética y del Partido Comunista de la URSS, que atribuyeron a la liberalización política de Mijaíl Górbachev.

China tendrá también, sin embargo, que liberalizar su régimen político. Será muy difícil mantener una economía de mercado en una sociedad autoritaria. La pregunta no es si China se democratizará sino cuándo lo hará. Y cuando esto ocurra, seguramente los Juegos Olímpicos del 2008 serán recordados como un momento crucial en el proceso, como también lo fueron para México los juegos del 68.

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: