Política y juegos

Política y juegos

A medida que se acercaban los Juegos de Pekín entre críticas crecientes, China concentró sus esfuerzos en alejar el contenido político de la información olímpica. Una semana antes de la inauguración, la prensa local marcó la senda a seguir al destacar el encuentro del presidente Hu Jintao con una selección de algunos periodistas extranjeros. El mensaje era claro: «No mezclen la política con los Juegos», titulaba el diario oficial «China Daily» en su edición de fin de semana. Para quienes no captaron el mensaje, el editorial principal de la edición, titulado «La excusa de los derechos humanos», entrecomillaba la siguiente frase: «La politización de los Juegos Olímpicos no respeta el espíritu olímpico». Cuando Pekín fue proclamada en 2001 sede de los Juegos de 2008, China y el Comité Internacional Olímpico (COI) realizaron una promesa muy clara y específica: «No habrá restricciones sobre los periodistas cuando cubran las Olimpiadas», prometieron entonces los dos organizadores. El COI confirmó la promesa china en su evaluación de las ciudades que competían por albergarlos, al afirmar que «la Comisión ha recibido la confirmación de que no habrá restricciones informativas». Es evidente que no ha sido el caso.
El popular sitio de comercio musical, Apple iTunes, fue censurado en plenos Juegos cuando las autoridades descubrieron que unos 40 atletas habían descargado temas del álbum «Canciones para Tíbet», publicado el 5 de agosto. Por otra parte, un diario de Hong-Kong sacó a la luz el pasado 12 de agosto una directiva secreta del Departamento Central de Propaganda chino que especifica una veintena de temas tabú para la prensa local: la disposición de asientos de los dignatarios extranjeros, la seguridad alimentaria, el uso de cualquier fuente que no sea la agencia oficial de noticias Xinhua y, por supuesto, la cobertura de las actividades en las tres zonas habilitadas por el Gobierno para las protestas -en las que, de todas formas, nadie ha podido manifestarse tras rechazar las autoridades las 77 peticiones recibidas-. ¿Qué relación existe entonces entre la política y los Juegos? La Carta Olímpica es muy elocuente a este respecto. El Artículo 1 de los Principios Fundamentales que abren este documento afirma que «el Olimpismo es una filosofía de vida que exalta y combina en un todo equilibrado las cualidades del cuerpo, la voluntad y la mente. Mezclando el deporte con la cultura y la educación, el Olimpismo aspira a crear un modo de vida basado en el disfrute del esfuerzo, el valor educativo del buen ejemplo y el respeto por principios éticos fundamentales universales». Son estos «principios éticos fundamentales» los que me parecen más relevantes en esta situación. Por su parte, el artículo 2 se refiere también a algo que va más allá de la competición atlética: «El objetivo del Olimpismo es situar el deporte al servicio de un desarrollo armonioso del hombre, para promover una sociedad pacífica comprometida con la preservación de la dignidad humana».
Entonces, ¿Los Juegos no son política? El 1 de agosto, el presidente del COI, Jacques Rogge y Liu Qi, presidente del comité organizador chino, rubricaron sus nombres en el Muro de la Paz y la Amistad, en la Plaza de la Paz de la Villa Olímpica. Rogge escribió: «El mundo de hoy es un lugar en el que es difícil vivir por sus numerosos conflictos entre y dentro de las naciones», pero -añadió- la Villa Olímpica no es uno de esos lugares. Liu destacó que el Muro dejaría un legado precioso de paz, amistad y desarrollo global, mientras que el «China Daily» apuntaba que Rogge había renovado la tradición de la Grecia clásica de la «tregua olímpica». Se trata de brillantes ideales internacionalistas, que trascienden el enfoque estrecho que encierran esos «¡vamos España!» o «Go USA!» que han dominado las pruebas. Unos ideales que son políticos en su más pura esencia. Y esa es precisamente la idea que subyace a los Juegos modernos. Si China no quiere asumir los principios de transparencia compartidos en todo el globo, es la decisión de China. Pero no deberían engañar prometiendo primero que garantizarían la libertad de prensa, como hizo en 2001, para descartar la cuestión más tarde bajo la acusación de presiones políticas externas. De cara a Olimpiadas venideras, el COI debería revisar sus principios y estudiar maneras de ponerlos en práctica que le permitan respetar su propia Carta.
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