¿LLAMANDO A TÍBET? POR FAVOR CUELGUE E INTENTE OTRA VEZ

 

Por Rebecca Novick

Huffington Post

13 de enero de 2009

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 “Esta es la casa equivocada. Yo no tengo hijo”. Esto es lo que Legdup de 19 años escuchó cuando llamó a su madre en Tíbet desde Dharamsala, India. Sentado en un café oscuro con una tentadora vista de la falda de los Himalayas que separa el norteño estado indio de Himachal Pradesh de su patria, un monje asiente con la cabeza cuando le cuento acerca de Legdup, y confía en que su propia familia de vuelta en Tíbet se rehúse a hablar con él. Otro hombre joven dice que su madre ha insistido en que él deje de llamarla. Yangzom, una estudiante de 24 años que dejó Tíbet en 2006, ha renunciado a llamar a su casa porque ella no quiere poner a sus padres en peligro. Pregúntale a cualquiera en este pueblo y escucharás la misma historia. La gente tiene miedo de recibir llamadas. La gente tiene miedo de hacerlas.

 

El miedo está bien fundado. En abril de 2008, Radio Free Asia informó que una popular cantante y escritora, Jamyang Kyi, fue detenida y torturada por enviar mensajes de texto a sus amigos sobre las protestas. En noviembre, la Campaña Internacional por el Tíbet informó que una mujer tibetana llamada Norzin Wangmo fue sentenciada a cinco años de prisión por tratar de dar información al mundo exterior, por teléfono e Internet sobre la situación en Tíbet.

 

Tu llamada podría terminar abruptamente a medias, dicen los exilados tibetanos, especialmente si tú mencionas algo “sensible”. Un hombre con el que hablé, preguntó a su tía sobre la sentencia de prisión de su hermano quien había sido arrestado por su participación en las manifestaciones de primavera. ¡Click! La línea quedó muerta. Algunas veces los que llaman del extranjero escuchan voces chinas en la línea. Un hombre tibetano-americano me cuenta que las llamadas a su familia cerca de Lhasa a menudo son redirigidas misteriosamente a su residencia en India.

 

Para los tibetanos de fuera de Tíbet, esto es simplemente otro dolor de cabeza en una larga lista que los acosa.  Además de quedar aislados de amigos y parientes por la realidad del exilio, ellos ahora tienen que sacrificar su última forma de contacto con aquéllos que aman. “Tú tienes que intentar poner estas cosas en perspectiva”, dice Alison Pinkney, una directora de documentales escocesa, quien ha pasado mucho tiempo hablando con jóvenes tibetanos en Dharamsala. “Lo peor que espero cuando llamo a mi madre en Escocia es una mala conexión”. Incluso si ellos llevan adelante la llamada, los tibetanos tratan de hablar sobre los temas más mundanos como la comida y el tiempo. “No importa que es lo que esté pasando, mi familia en Tíbet dirá, “Yo estoy bien”, explica un joven trabajador de una ONG. “Nosotros sabemos que no es verdad, pero nadie se atreve a excavar más profundo”.  

 

Esta es la autocensura que amordaza a la mayoría. Si tú no sabes dónde está la línea, tú probablemente te detendrás poco antes de cruzarla. Por si acaso. Todos en Tíbet conocen que las llamadas de teléfono son monitoreadas, y que los celulares han probado no ser más seguros que las líneas de tierra. La policía de la Oficina de Seguridad Pública podría presentarse en tu puerta si tú estuviste hablando con gente del exterior, particularmente India –para Beijing el hogar de la muy maligna “camarilla del Dalai”- y un lugar donde los tibetanos recogen peligrosas nociones como democracia y libertad de expresión.   

 

El artículo 19 de la Declaración de Derechos Humanos de la ONU describe la libertad de “buscar, recibir e impartir información a través de cualquier medio sin importar las fronteras.” Los arquitectos de la Declaración entendieron claramente cómo el control de las comunicaciones personales es la llave para el funcionamiento de un moderno Estado policial, tal como es efectivamente el de Tíbet hoy.

 

Pero en lo que concierne a los líderes chinos pueden reclamar que el disenso popular está siendo promovido por influencias externas, esta es la libertad cultivada en el vestíbulo que  debe mantenerlos despiertos en la noche, especialmente cuando se insinúa la unificación de los movimientos por la libertad dentro del país. Los siguientes comentarios fueron hechos durante una llamada a un programa de Radio Free Asia. Quien llamaba es un estudiante tibetano llamado Losang que está estudiando en China. 

 

 “Ahora, nosotros muchos jóvenes tibetanos de dentro de Tíbet sentimos que necesitamos hacer algo para ponernos de pie… nosotros somos un pueblo oprimido por otro, y poco a poco, las piezas son cortadas y destruidas… yo siento que la gente dentro de Tíbet necesita “comenzar el fuego”… los chinos están engañando no sólo al mundo, sino a nuestra propia gente con fotos de un Tíbet pacífico… nosotros necesitamos trabajar no sólo por el pueblo tibetano sino por la democracia en toda China”. A pesar de los esfuerzos olímpicos en contrario, la libertad se está convirtiendo rápidamente en un tema caliente en China. Y con 200.000 nuevas cuentas de celulares abriéndose diariamente allí, su industria de vigilancia necesitará trabajar tiempo extra para participar en la conversación. 

 

*Rebecca Novick es escritora y productora del programa de radio: The Tibet Connection.

Ella reside actualmente en Dharamsala, India  


Exa Méndez
Coordinadora Regional para América Latina
Red Internacional de Apoyo al Tibet (ITSN)
Latin America Coordinator
International Tibet Support Network (ITSN)
Ciudad de México
T: 55 14 77 63  
W: www.tibetnetwork.org

Para leer información sobre Tibet y sus campañas en español: www.tibetmexico.org

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