Oleada de detenciones en el Tíbet para impedir una nueva revuelta de los monjes budistas

Oleada de detencions para impedir una nueva revuelta de los monjes budistas. A un mes y medio de que se cumpla medio siglo de la huida del Dalai Lama y el primer aniversario del levantamiento en los monasterios, el régimen chino aumenta la represión en esta región del Himalaya
Actualizado Miércoles, 28-01-09 a las 19:38
Vuelve la represión al Tíbet, si es que alguna vez se marchó de allí. Desde el pasado día 18, el Gobierno chino está llevando a cabo una concienzuda campaña policial que, bajo el intimidatorio nombre “Golpear duro”, ya se ha saldado con 81 detenciones y la investigación de otras 8.424 personas.
Así lo ha difundido el medio oficial China Tibet News, que cifraba en 51 los arrestados por actividades criminales sin especificar y en 30 los acusados de robo, prostitución, asesinato y delitos violentos con armas de fuego y explosivos. Entre los detenidos hay, además, dos personas imputadas porque las melodías de sus teléfonos móviles contenían “música reaccionaria”. Así es como el régimen de Pekín denomina a las canciones tibetanas que muchos jóvenes de esta etnia escuchan o tararean como gesto de rebeldía ante lo que consideran la ocupación de su país.
De hecho, ya el pasado mes de diciembre fueron capturadas otras 59 personas por, supuestamente, “extender rumores que pretendían incitar a la tensión étnica” y “descargarse ilegalmente de internet música reaccionaria”.
«Lucha contra el crimen»Con su tono habitual de propaganda, los medios chinos han “vendido” esta operación policial como un triunfo de la lucha contra el crimen y la delincuencia en el Tíbet. Sin embargo, los grupos defensores de los derechos de los tibetanos, como International Campaign for Tibet (Campaña Internacional por el Tíbet), ya han denunciado el recrudecimiento de la represión en esta vasta y sensible región del Himalaya.
No en vano, a nadie se le escapa que el régimen chino pretende con esta campaña policial impedir una nueva revuelta como la que, liderada por los monjes budistas, sacudió el año pasado al Tíbet y a las zonas limítrofes de las provincias de Gansu, Qinghai y Sichuan.
Según el Gobierno tibetano en el exilio, murieron 200 personas y más de mil resultaron heridos en la represión, mientras que el régimen de Pekín sólo cuantifica un fallecido tibetano y una veintena de víctimas mortales de la etnia Han, la mayoritaria en el país, apaleados y hasta quemados vivos por los alborotadores.
Tras aquellos violentos disturbios, que empañaron la imagen de China cinco meses antes de la inauguración de los Juegos Olímpicos de Pekín y obligaron al Ejército a cerrar a cal y canto el Tíbet, el todavía denominado régimen comunista está intentando desactivar nuevas protestas tras las celebraciones del Año Nuevo Lunar y del Losar (el Año Nuevo tibetano que empieza el próximo 25 de febrero).

No en vano, la revuelta de los monjes budistas comenzó el 14 de marzo del año pasado para recordar la huida del Dalai Lama tras el fracaso del levantamiento tibetano contra la ocupación china en 1959, una fuga de la que se cumple medio siglo dentro de un mes y medio. Debido a tan simbólico aniversario, y al fracaso de las negociaciones entre el régimen de Pekín y el Gobierno tibetano exiliado en la India, las autoridades chinas sospechan que pueda estar germinando una nueva insurrección para atraer otra vez la atención de la comunidad internacional.
Como cualquier otra región fronteriza de China, el Tíbet ha pertenecido históricamente a sus imperios durante los últimos 700 años cada vez que sus dinastías eran lo suficientemente fuertes como para controlarlo. Tras la caída del último emperador de la estirpe Qing en 1911, esta remota región de 1,2 millones de kilómetros cuadrados (más del doble de España) gozó de una independencia de facto hasta el fin de la Guerra Civil en China (1945-49).
Una vez que el revolucionario comunista Mao Zedong derrotó al Gobierno del Generalísimo Chiang Kai-chek, el Ejército chino entró en el Tíbet en 1950 para, según la propaganda del régimen, “liberar” a su pueblo de la teocracia de los monjes, que sometían a los campesinos a la miseria más absoluta y en un estado de auténtica esclavitud al controlar todas las tierras.
Levantamientos desde 1959En 1951, la República Popular China se anexionó oficialmente el Tíbet. Pero sus habitantes, uno de los pueblos más religiosos del mundo gracias a su devoción por el Dalai Lama, se levantaron contra los invasores chinos en 1959. El Ejército Popular de Liberación aplastó aquella revuelta y el Dalai Lama, siendo todavía un niño, se vio forzado a huir atravesando el Himalaya para exiliarse en la India, donde aún sigue viviendo hoy en su refugio de montaña de Dharamsala.
Medio siglo después, el Tíbet continúa luchando por su independencia o, al menos, por lograr más autonomía, más respeto a su tradición cultural y menos represión para los monjes y partidarios del Dalai Lama.
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