China teme protestas de los monjes budistas durante el Año Nuevo Tibetano

Los tibetanos llaman al boicot de los actos oficiales programados por el régimen, en alerta ante la posibilidad de que se repitan los disturbios que estallaron el año pasado en Lhasa y luego se propagaron a toda la región y a las zonas con mayoría tibetana de las provincias vecinas
China teme protestas de los monjes budistas durante el Año Nuevo Tibetano 

Cientos de tibetanos protestan contra China en el primer día del Año Nuevo Tibetano / AP
ActualizadoMiércoles, 25-02-09 a las 19:52
Los tibetanos saludaron anoche la entrada en su particular Año Nuevo (“Losar”) con muy poco que festejar. La represión policial tras la violenta revuelta del año pasado y el fracaso de las últimas conversaciones entre el Gobierno chino y el Dalai Lama han ensombrecido las celebraciones de este “Losar”, que se corresponde con el Año del Buey.
Para mostrar su repulsa a Pekín, los grupos en el exilio han llamado a un boicot de los actos oficiales programados, entre los que destacan las tradicionales ceremonias oficiadas en los monasterios budistas del Tíbet y de provincias colindantes con mayoría de población de esta etnia, como Qinghai, Gansu y Sichuan.
“Este Año Nuevo no es un periodo en el que podamos tener las habituales celebraciones y alegría”, ha dicho el Dalai Lama desde su exilio en la ciudad india de Dharamsala. El día 10 del próximo mes se cumplirá medio siglo de su huida del Tíbet tras la fallida revuelta contra el régimen chino que entonces pilotaba Mao Zedong, quien acabó en 1951 con la independencia de facto de la que disfrutaba esta región del Himalaya desde la caída de la última dinastía Qing en 1912.
Para recordar el exilio del “Océano de Sabiduría”, el año pasado estallaron en Lhasa los peores disturbios de las dos últimas décadas, que luego se propagaron al resto de la región y a las provincias vecinas. Según el régimen de Pekín, murieron una veintena de personas, casi todos chinos de la mayoritaria etnia Han que están colonizando el Tíbet. Sin embargo, el exilio tibetano eleva la cifra hasta los 200 fallecidos debido a la represión del Ejército, que practicó miles de detenciones. Desde entonces, 76 personas han sido condenadas, algunas a cadena perpetua, por participar en las manifestaciones.
Aquel aplastamiento empañó la imagen de China y suscitó en todo el mundo protestas contra los Juegos Olímpicos de Pekín, con los gravísimos incidentes que enturbiaron el relevo de la antorcha a su paso por París y Londres y dañaron las relaciones diplomáticas del régimen con la comunidad internacional.
Por ese motivo, la cercanía de ambos aniversarios ha puesto en alerta al Gobierno chino, que ha incrementado la seguridad en el “techo del mundo” y ha vuelto a prohibir la entrada de turistas extranjeros durante todo el mes de marzo. Desde principios de año, 81 personas han sido detenidas y otras 8.400 investigadas dentro de la operación “Golpear duro”. Tanto el Ejército como la Policía antidisturbios han sido desplegados por las áreas más sensibles para prevenir nuevas manifestaciones o ataques contra los chinos de la etnia Han.
Junto a la represión, el Gobierno ha puesto en marcha otras medidas para apaciguar a los tibetanos, como entregar 800 yuanes (91,78 euros) por cabeza a 70.000 jubilados y pobres de esta etnia.
Mediante galas especiales en la televisión estatal y ceremonias en los templos, el régimen está promocionando los actos festivos del “Losar”, lo que ha sido calificado por el Dalai Lama como una “provocación”.
Este año se presenta especialmente complicado para el Gobierno chino. A la inestabilidad social que puede generar la crisis económica, que ha dejado ya a 20 millones de personas en el paro por el cierre de miles de fábricas, se suman los aniversarios tibetanos y el de la matanza de Tiananmen, acaecida en junio de 1989. Precisamente junto a esta céntrica plaza de Pekín, tres personas se han quemado a lo “bonzo” en lo que parece ser una nueva protesta contra el Gobierno.
En enero de 2001, cinco seguidores del culto religioso Falun Gong, perseguido por el Gobierno, se inmolaron del mismo modo en Tiananmen, auténtico corazón político de un régimen que intenta evitar a toda costa nuevos estallidos sociales.
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