Huí de China para no ser educado por el Partido: niño tibetano

Huí de China para no ser educado por el Partido: niño tibetano
Darma, de 10 años, cuyo único recuerdo de su pasado son dos fotografías de su madre, que se quedó del otro lado de la frontera para estudiar con los monjes tibetanos

NOTIMEX
EL UNIVERSAL
DHARAMSALA, INDIA VIERNES 13 DE MARZO DE 2009
11:18 Con apenas 10 años, Darma es ya un exiliado político después que su madre lo obligó a huir del Tíbet para no ser educado bajo la dominación del Partido Comunista de China (PCCh).”Llegué a Dharamsala hace 15 días. Crucé el Himalaya a pie con un guía”, relató a Notimex este niño, cuyo único recuerdo de su pasado son dos fotografías de su madre, que se quedó del otro lado de la frontera.

A Darma le espera una educación financiada por el gobierno tibetano en el exilio y con toda probabilidad un pasaporte indio, que obtendrá en unos dos años.

“Mi objetivo es estudiar tanto como pueda. Quiero que mi madre esté orgullosa de mí, porque sufre mucho después de mi marcha”, dijo el niño tibetano, quien sólo habló una vez con su progenitora por teléfono desde que partió.

Cruzar el Himalaya no fue el único desafío que Darma tuvo que superar antes de conseguir -como él dice- “la libertad”.

“Tras llegar a Nepal nos metieron a mí y a los otros jóvenes exiliados a la cárcel. Nos dijeron que tardaríamos años en salir. Tuve mucho miedo, pero al final me liberaron”, sostuvo.

Las declaraciones de Darma ocurrieron pocas horas después que el líder espiritual budista, el Dalai Lama, lo recibió en una audiencia privada junto al resto de refugiados que acaban de llegar, como suele hacer con todos los que llegan a la ciudad.

“Es uno de los días más importantes de mi vida. Por fin he podido conocer a Su Santidad en persona”, agregó emocionado el niño tibetano, quien vive en el centro de refugiados de Dharamsala, una ciudad al norte de India donde reside el Dalai.

Unas 60 personas viven en la actualidad en el centro, aunque hace unos años se contaban en cientos.

“China aumentó mucho la vigilancia en la frontera tras los Juegos Olímpicos y la llegada de refugiados ha disminuido”, confesó a su vez una fuente que prefirió el anonimato.

En 2007, llegaron a Dharamsala unos 600 niños que, empujados por sus padres, huyeron del Tíbet.

Los padres, que se niegan a que sus hijos sean educados en escuelas donde se tilda al Dalai Lama de “separatista” y “traidor”, pagan auténticas fortunas a guías nepalíes para que conduzcan a los jóvenes al otro lado de la frontera.

El precio es de unos mil dólares y nada asegura que el niño llegue sano y salvo a India o Nepal, ya que el periplo por el Himalaya es uno de los viajes más peligrosos del mundo, no sólo por las temperaturas extremas, sino por la policía y el Ejército chinos.

jigh

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