La Historia de Nyima

La Historia de Nyima

Los días de aquel agosto del 2002 que pasamos en McLeod Ganj, junto a Dharamsala, la “Pequeña Lhasa” como lo llaman algunos, dejaron huellas muy vivas en nuestras mentes y corazones. Para los indios, un “dharamsala” es un lugar de refugio, reunión o acogida y es justamente lo que es este lugar, un nuevo hogar para los miles de tibetanos que se vieron obligados a abandonar su país ante el acoso de las hordas chinas, a fin de preservar su tradición y dar al mundo la oportunidad de conocer su mensaje de paz. Su gran maestro y guía, el XIV Dalai Lama que reside en este modesto pueblecito del Himalaya indio, los congrega aquí y les recuerda continuamente su propuesta de fe para el futuro.

A uno le parece que ha dejado ya la India. La agradable temperatura es un premio para el viajero que regresa de las tórridas llanuras de más al sur, la comida es mucho más diversa y menos picante, más internacional, tanto, que casi nos extrañó que no encontráramos un plato de “paella”. Aquí el ritmo es más sosegado y menos ruidoso, las simpáticas sonrisas tibetanas siempre fáciles, la ausencia de regateo en las compras, todo ello hace que te sientas muy a gusto con los diarios paseos por aquellas pocas calles, pero siempre animadas, con singulares personajes que con el paso de los días se van haciendo ya familiares. Solo de vez en cuando, algún sari multicolor, los insistentes ruegos por parte de algún comerciante indio para que visites su tienda y lo favorezcas con la primera compra del día (Ya que ello le traerá buena suerte), o el claxon estridente de algún vehículo (también indio !), te recuerda que aún estás en el país de los encantadores de cobras.

Una de las impresiones de aquellos días que más se han quedado retenidas en mi memoria, son no obstante las de aquellas pobres gentes que todos los días y a todas horas, lloviera o refrescara, ocupaban los mismos lugares en nuestra calle, casi siempre convertida en barrizal por los continuos aguaceros del monzón. Ya bien indios o tibetanos (la pobreza no sabe de etnias), el estado de sus cuerpos delataba la miseria material en la que navegaban. Sus extremidades reducidas casi siempre a muñones, pero sus rostros, estos rostros, siempre luminosos y sonrientes, eran como las ventanas de la humanidad entera. Su mano o lo que fuera, se extendía para pedirte unas rupias, pero sólo devolviéndoles una sonrisa, su gratitud era inmensa.

Aquella tarde, después de pasar por aquella calle de mendigos, me dirigía a nuestro alegre “Green Hotel”. Al entrar en el salón-recepción-comedor, noté enseguida la presencia de un joven, con rasgos tibetanos y sentado en una mesa, invitándome con su inevitable y franca sonrisa a la conversación. No pude resistirme y así conocí a Nyima, un refugiado tibetano escapado hacía poco de su entrañable país y que con su poco inglés rudimentario, empezó a deshilvanar su gesta y su vida. Su amistad estaba servida y sólo pedía un poco de ayuda y de comprensión.

Cierto día nos invitó a comer a “su casa”, una sencilla habitación-cocina-dormitorio, donde pudimos probar los excelentes “momos” que el mismo cariñosamente nos había preparado y probar el delicioso jugo de leechi. Y para el momento de la despedida, nos tenia reservado un “golpe bajo”. Extrajo de un paquetito que guardaba cuidadosamente en sus manos, unos sendos pañuelos blancos de ofrendas (katak) y como también era monje, nos los colocó en el cuello, todo ello con el abrazo fraternal correspondiente. La emoción por parte de todos, incluyéndole a él, estaba servida y quizás todavía rueda por allí alguna lágrima nuestra, o uno de los nudos que todos teníamos en las gargantas. La amistad continua actualmente. Somos sus amigos, su familia y económicamente le echamos una mano. El nos ofrece su amistad. Te invitamos a conocerlo mejor.

Toni, Magda i Carles. Tarragona.


nylma

Enfrente del Green Hotel con Nyima


Este es el relato de su biografía:

Nací en el nordeste del Tibet, en la región llamada Amdo, en el pequeño pueblo de Thorza, situado en una colina. Mis padres eran gente sencilla. Soy hijo de Thondup y mi madre es Khashe Tso. Nací en Agosto de 1977 y me pusieron el nombre de Detsering. Sin embargo mis padres tuvieron un prematuro fallecimiento o mejor dicho una penosa muerte, ya que mi madre murió después de un intento de esterilización forzada y mi padre murió torturado durante la revolución cultural a manos de los chinos.

Aunque trato de comunicarme con mi familia, no lo puedo conseguir ya que todo está fuertemente censurado. Tampoco me apetece mandar cartas ya que entonces me veo obligado a escribir en el sobre PCR (Popular China Repucublic) y yo odio el hacerlo. Incluso el teléfono tampoco me sirve de nada ya que mi aldea es demasiado pobre para disponer de el. Pero aunque ahora estoy en la India, siempre están en mi mente al hermano y hermana que tengo en mi país. Asistí a la escuela durante al menos tres añosa partir de 1985. En 1990 me ordené y asumí el voto de monje en un monasterio cercano a mi población. Así pues, puedo decir que he tenido una juventud producto de la comunidad monástica. El tiempo que permanecí en el monasterio estudié filosofía budista, literatura y gramática y medicina tibetana.

El lugar en el que estudiaba, es un bello y limpio paraje. En el este hay magníficas montañas y muy cerca de mi residencia, discurre un pequeño arroyo. Es realmente un sitio encantador para vivir. Después de efectuar mis votos monásticos, se me dio el nombre espiritual de Nyima.

Para mi, el monasterio fue mi hogar desde que era un niño. Tenia dos parientes ya mayores que eran también monjes y todo lo aprendí de ellos, ofreciéndoles a la vez mis servicios. Cada día, a las 6 de la mañana empezaba nuestra vida rutinaria, asistiendo a los rezos en el monasterio. A las 8 teníamos que aprender nuevos versos y reflexionar sobre ellos. A partir de las 11 y hasta la 1, nos reuníamos de nuevos para seguir con la oración. Entre las 2 y las 4 nos dedicábamos al estudio y a partir de las 5 había una plegaria general para todos nosotros. A las 6 teníamos que revisar lo que habíamos aprendido durante el día. Solíamos tomar el desayuno a las 6 de la mañana y comer a la 1. Así pasé 20 años en la comunidad monástica.

Un día, unos oficiales chinos aparecieron en el monasterio y empezaron con la propaganda sobre el comunismo y criticando duramente al Dalai Lama. Lentamente empezamos a odiar lo que estaban llevando a cabo y la desconfianza se sembró en nuestra mente. Realmente, nadie entre nosotros creía lo que nos trataban de inculcar. Como resultado de todos ello, yo y un amigo colgamos un póster de INDEPENDENCIA PARA EL TIBET, después de lo cual, nos sentimos muy inseguros y amenazados y escapar era nuestra única elección a fin de sobrevivir. Así que nos decidimos, y abandonamos el Tibet.

En Lhasa, buscamos un guía durante 7 días, lo encontramos y le pagamos 1000 yuans (moneda china). Estuvimos viajando en un camión por la noche hasta que nos dejaron en un bosque. Al día siguiente, nos recogió otro camión que nos llevó a un lugar cercano al monasterio de Tashi Lumpo. Tuvimos que atravesar el puente durante la noche ya que las patrullas chinas vigilaban el lugar. Después de escondernos en un restaurante, fuimos llevados a otro monasterio y estuvimos allí cuatro horas. Como el lugar estaba peligrosamente controlado por una guarnición de policía fronteriza china, tuvimos que dar gran un rodeo por las montañas. Durante 10 días estuvimos pisando nieve, un poco extraviados al no conocer el lugar y tener que encontrar por nuestra propia cuenta una buena ruta. Siguieron 5 días más de marcha a pie y entramos ya en suelo de Nepal. Continuamos andando 10 días más por los pueblos nepalies hasta que en Kartare, una patrulla de policía del Nepal nos arrestó y nos condujo hasta Kathmandu. Éramos un total de 30 muchachos jóvenes.

El centro gubernamental de recepción de exiliados en Nepal, se hizo cargo de nosotros y pagó por decirlo de alguna manera por nuestro rescate. Durante todo este periplo, nos alimentamos a base de tsampa y nos acostumbramos a beber agua fría. Sólo ocasionalmente pudimos tomar algún té caliente con el tsampa. Y desde el Nepal fuimos enviados al Centro de Recepción de la India, en Dharamsala donde nos alojaron de nuevo en un monasterio.

La razón por la que actualmente no estoy en este centro religioso, es porque pretendo conseguir que me admitan en el Centro de Medicina Tibetana para lo cual se necesita un conocimiento del inglés, lengua que desconocía totalmente, y en el monasterio no era posible aprenderla. Así que decidí primero alcanzar un buen nivel de inglés y luego solicitar la admisión para continuar con los estudios de medicina que ya había empezado en el Tibet.

Para mi, estudiar medicina y poder ayudar a la gente es muy importante, y mucho más si algún día puedo regresar al Tibet. Mi objetivo es satisfacer la visión de nuestro Dalai Lama y proporcionar asistencia a nuestro pueblo.

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