¿Radicalización del conflicto tibetano después del Dalai Lama?

¿Radicalización del conflicto tibetano después del Dalai Lama?


Un día como hoy de hace 50 años el Dalai Lama cumplió su primera fecha en el exilio. Era el año 1959 y el entonces jovencísimo Dalai Lama, después de dos semanas de travesía invernal por el Himalaya, cruzó la frontera con la India y en ese país de acogida inició, hasta hoy, un exilio.

Aunque en los primeros años la resistencia tibetana fue financiada por la CIA estadounidense, el líder espiritual del budismo tibetano optó por la llamada ‘tercera vía’: la resistencia pacífica, incluido el abandono de la aspiración independentista pero reclamando una autonomía real bajo soberanía china.

A lo largo de este medio siglo, las relaciones entre Dharamsala, sede del Gobierno tibetano en el exilio, y Pekín, han ido de mal en peor. En consecuencia, no ha habido acercamiento ni avances. Entre las sucesivas negociaciones rotas, tampoco se esperan.

La carta de la paciencia china

Pekín, cuyo odio visceral contra el Dalai Lama es conocido hasta el extremo de ser indiscutiblemente el enemigo número uno del régimen, juega la carta de la paciencia. Las autoridades chinas creen que muerto el Dalai Lama, el problema se solucionará por si solo.

El líder tibetano cuenta con 73 años y una salud que empieza a dar síntomas de flaqueza. Pero, esta misma semana, desde Dharamsala llegan voces procedentes de las juventudes tibetanas, muchos de ellos nacidos fuera del Tíbet, que insinúan una posible radicalización del conflicto tibetano después de la muerte del Dalai Lama. “Cincuenta años de vía intermedia no han dado frutos. Con el próximo Dalai Lama, nos planteamos otras vías”, apuntan. La enorme ascendencia que el líder espiritual tiene sobre su pueblo ha permitido, durante todos estos años, mantener a raya cualquier tentación violenta.

Muchos creen que cuando él no esté, la seguridad en la región quedará seriamente comprometida. Los críticos vinculan el inmovilismo de Pekín con la radicalización de ciertos sectores en el exilio, que defienden una mayor militancia para evitar el aniquilamiento cultural y religioso de su pueblo.

¿Quién liderará a los tibetanos?

En medio de las turbulencias que se avecinan y sin el carisma del actual Dalai, ¿quién liderará a los tibetanos? El sistema de identificación de los líderes tibetanos, basado en la reencarnación, no contribuye a una transición tranquila.

De entrada, porque el 17 de mayo de 1995, la dictadura china perpetró una de sus maniobras más infames al secuestrar a Gendun Choekyi Nyima, el niño de entonces seis años que fue identificado por el Dalai Lama como el nuevo Panchen Lama, la segunda autoridad espiritual del budismo tibetano. En la misma jugada, las autoridades comunistas nombraron a un Panchen Lama propio que, hasta hoy, no cuenta con el respaldo ni el reconocimiento de la mayoría del pueblo tibetano.

El Panchen desempeña un papel muy importante en el proceso de sucesión de la jerarquía tibetana, al tener la misión de reconocer al futuro Dalai Lama; de ahí que Pekín quisiera involucrarse en la reencarnación al objeto de liderar el proceso de sucesión y ofrecerla como prueba de la sumisión de Tíbet a China. Con un Panchen Lama afín, garantiza además el control religioso y su hegemonía sobre el proceso espiritual tibetano.

Gendun Choekyi Nyima, el niño secuestrado junto al resto de su familia en 1995, fue durante años el preso político más joven del mundo y nunca más se ha vuelto a saber de él. China asegura que, para garantizar su seguridad, vive tranquilamente con otra identidad, aunque nunca ha dado pruebas de su paradero ni de si sigue con vida.

El Karmapa Lama o la tercera figura del budismo tibetan

Aparte de lo anterior, la muerte del Dalai Lama traerá consigo un inevitable vacío de poder, ya que la reencarnación del siguiente líder se hará en la figura de un niño de pocos años que, obviamente, habrá que educar. En medio del acoso del régimen chino, se antoja clave ese periodo de entre 15 y 20 años que necesitará el futuro Dalai para ejercer su autoridad. Es por ello que, ante la eventualidad de un cisma en el budismo tibetano, emerge con fuerza la figura de Ogyen Trinley Dorje, el Karmapa Lama o la tercera figura del budismo tibetano.

Con 24 años y 10 en el exilio después de protagonizar una escapada sorpresa a través del Himalaya hasta la frontera nepalí y luego a la India, el Karmapa está en todas las quinielas para convertirse en regente durante ese periodo clave para el futuro del pueblo tibetano. Bien educado y respetado por los jóvenes, ha realizado varias apariciones junto al Dalai Lama, con quien comparte la vía de la no violencia. Pero, sin la influencia de su mentor, quizás no sea capaz de mantener unidos a los tibetanos e impedir la radicalización del conflicto.

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