Ex agente revela los métodos utilizados por el régimen comunista para infiltrarse en Occidente

Regalos, invitaciones, favores y chantajes son algunos de los métodos utilizados por el PCCh para influenciar a políticos occidentales, que se ven obligados a ceder ante las presiones de Beijing

Por Xin Fei – La Gran Época

Según Li Fengzhi, antiguo oficial de inteligencia del Ministerio de Seguridad del Estado del Partido Comunista Chino (PCCh), el régimen desarrolló una amplia red de espionaje en los Estados Unidos. Li anunció públicamente su renuncia al PCCh en marzo, y fue recientemente entrevistado por La Gran Época.

“El PCCh no escatimó en personal y recursos”, dijo. “Operó a través de sus consulados, de los órganos de seguridad nacional y otras organizaciones para enviar muchos agentes [a los E.E.U.U.] y desarrollar informantes en suelo americano”.

Influenciar a políticos en Occidente es una parte importante de las actividades del régimen en el extranjero – siendo el principal propósito lograr que estos políticos apoyen las políticas de Beijing en los momentos críticos. Otro propósito es influir en políticos para que permanezcan en silencio ante las violaciones de derechos humanos por parte del régimen.

Políticos chinos en el punto de mira

Li explicó que esto sucede especialmente con los políticos chinos en Occidente, y advirtió que estos políticos necesitan ser cuidadosos a la hora de trazar una línea clara entre el PCCh y China.

“Deben aferrarse a su conciencia y obedecer las leyes de los países donde se encuentran. Al mismo tiempo deberían hacer aquello que es verdaderamente beneficioso para los chinos”.

Éste añadió que el PCCh ofrece a menudo mucho dinero y popularidad a ciertos políticos, y al mismo tiempo, consiguen implicarse emocionalmente con ellos.  

“Los políticos que consiguen una elevada popularidad en los medios oficiales del PCCh son normalmente aquellos que están cerca del PCCh en privado, o que son protegidos por el PCCh. El PCCh no asciende o calumnia a alguien sin ninguna razón. Esta es una manera fácil de decir quiénes son los amigos del PCCh. Ocurre los mismo viendo a quién premia u honra el PCCh, o por quién hace campaña”, afirma Li.

“Esta persona probablemente está muy cerca del PCCh”.

Tácticas comunes

Li resumió una táctica común empleada por el PCCh: “Un agente u oficial del PCCh  invitará a un político en occidente a cenas o reuniones. Terminan conociéndose, lo cual facilita al agente del PCCh pedirle favores. Ocasionalmente, un funcionario de alto rango del PCCh cooperará en tal estrategia de inteligencia; una invitación de un funcionario chino de alto rango hará que los políticos occidentales promedio se sientan honrados y abrumados. El agente del PCCh tomará el control sobre el político occidental a partir de entonces”.

Otro método, según Li, es dirigirse a aquellas personas próximas a los políticos, desde la familia, a vecinos, personal de trabajo, y hasta fotógrafos de prensa.

“A través de estas personas, los agentes pueden incluso obtener cierta información o ejercer cierta influencia”.

“Sin embargo, cuando el aliciente no es suficiente, el PCCh  utilizará la coacción”, afirmó Li.

Una manera muy común de tender una trampa a un político de países occidentales incluye una investigación minuciosa de sus antecedentes para diseñar la trampa, dijo Li. Entonces, se invita al político a China, con la excusa de una reunión, una visita oficial, o una simple visita turística. Cuando el político llega a China, el agente lo seducirá con dinero o con intereses políticos.

“A veces la seducción involucra la vida personal del político”, dijo Li.

Después de que el objetivo cae en la trampa, el agente del PCCh utiliza la prueba para obligar al político a rendirse a la voluntad del PCCh. Muchas veces, cuando el político no cae en el cebo, los agentes acusan al político de algo que no hizo, presentando pruebas falsas creadas con tecnología moderna.

“Esto funciona muy bien con los occidentales”, dijo Li. “En la sociedad occidental, el futuro de los políticos en gran parte depende de su reputación. Los  políticos occidentales a menudo se quedan aterrorizados cuando se les tiende una trampa, temiendo que su carrera termine si el PCCh hace pública la ‘prueba’”.

Otros medios

Además de políticos, el régimen también tiene como objetivo a funcionarios de gobierno, empresas influyentes, grupos sociales, medios y otra gente no política u organizaciones que podrían influenciar a la política de sus países en ciertos temas.

“Los vigila estrechamente, a través de contactos públicos y privados, intenta analizar sus necesidades y debilidades”, dijo Li.

El PCCh también encuentra organizaciones occidentales y medios pro PCCh para ser sus portavoces. Estas organizaciones nacionales y medios tendrán más influencia directa en sus políticos, puesto que los miembros de tales asociaciones a menudo son ciudadanos locales.

El PCCh utiliza a miembros de comunidades chinas en el extranjero, y asociaciones de estudiantes chinos y académicas para trabajar para el régimen, con la excusa de servir a la nación china.

Li también dijo que hay un principio escrito en el Ministerio de Seguridad del Estado que dice que los agentes están autorizados para actuar como anti PCCh mientras sus objetivos sean proteger los interesas más importantes del partido.

“Algunos pueden criticar al PCCh”, dijo, “Pero cuando viene el momento crucial, se vuelven pro-PCCh y sus opiniones pueden ayudar enormemente al PCCh”.

Según Li, en la superficie, el régimen enfatiza la importancia de “proteger la amistad entre China y E.E.U.U.”, pero en realidad ve a los países democráticos occidentales como enemigos, y especialmente a Estados Unidos, lo ve como su enemigo principal.

“Prestar atención a China es bueno, pero eso no significa cortejar y ceder al PCCh”, concluye Li.

Li Fengzhi, ex agente comunista, celebra su renuncia al Partido Comunista Chino, junto con cincuenta millones de chinos, el 15 de marzo de 2009. (Lisa Fan/Epoch Times)

Li Fengzhi, ex agente comunista, celebra su renuncia al Partido Comunista Chino, junto con cincuenta millones de chinos, el 15 de marzo de 2009. (Lisa Fan/Epoch Times)

La paz tiene mucha marcha

La paz tiene mucha marcha

Más de 400.000 personas (25.000 en España) se han adherido ya a la Marcha Mundial por la Paz y la No Violencia que recorrerá 90 países.
El mundo gasta 190 veces más en armas que en combatir el hambre, que podría erradicarse con el 0,1% del presupuesto de defensa.

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COLPISA. Madrid
Más de 400.000 personas, 25.000 de ellas en España, se han adherido en apenas diez días a la Marcha Mundial por la Paz y la No Violencia, que entre octubre y enero recorrerá 160.000 kilómetros a través de 90 países. Desde Nueva Zelanda hasta la cordillera de los Andes, un equipo base de 100 personas hará el recorrido completo (por España pasará a mediados de noviembre), mientras miles y miles más protagonizarán innumerables iniciativas para “redefinir el concepto de paz y crear conciencia” a favor de la no violencia activa.

Se trata, añadió al presentar en Madrid la Marcha Mundial su coordinador Rafael de la Rubia, de dar voz a la gran mayoría ciudadana pacifista para “marcar la dirección a los políticos”. Y con una meta precisa y rotunda: eliminar las armas nucleares, reducir las convencionales, retirar las tropas invasoras de territorios ocupados, firmar tratados de no agresión y renunciar a la guerra como forma de resolver conflictos.

Todo un programa a favor del ser humano que también pondrá en evidencia otras violencias, más o menos disfrazadas pero igualmente dañinas, en múltiples ámbitos económicos, raciales, sexuales, religiosos e incluso familiares. “Vamos hacia un mundo lleno de muros, con los pobres a un lado y por encima aviones de guerra y robots bélicos”, denunció el periodista Hernán Zin. “Lo conseguido con violencia solo se va a poder mantener ejerciendo más violencia”, advirtió De la Rubia, que preside la organización Mundo sin Guerras promotora de la que espera ser “la mayor manifestación por la paz en la historia”.

Escándalo armamentista

La realidad actual golpea brutalmente esta conciencia. “No es posible hablar de paz con fábricas de armas a pleno rendimiento”, subrayó el coordinador de la Marcha Mundial, quien recordó el gasto diario en armamento de 2.200 millones de euros y remachó que “el hambre podría evitarse con el 0,1% del gasto militar”, que incluye otras inversiones en defensa además de los arsenales. Los datos de ese gran escándalo podrían reflejarse de otro modo. Como destaca la Plataforma 2015 en su exposición itinerante “Puertas”, el mundo gasta 190 veces más en armas que en combatir el hambre. O, como apostilla el asesor de Naciones Unidas Bernardo Kliksberg, 900 veces más de lo que se necesitaría para erradicarla.

Cambiar ese inhumano trasfondo animará el 2 de octubre (Día Internacional de la No Violencia que recuerda el nacimiento de Gandhi) al centenar de marchistas que se pondrán en camino en Wellington rumbo a Punta de Vacas, localidad argentina a los pies del Aconcagua adonde llegarán el 2 de enero de 2010. Se espera al menos un millón de participantes, en una impresionante lista en la que ya están comprometidas 2.000 organizaciones, 500 instituciones, 300 ciudades y cientos de personalidades. Cinco de éstas ocupan las presidencias de Chile, Argentina, Bolivia, Croacia y Timor Oriental. Hay premios Nobel como Saramago, Menchú, Pérez Esquivel, Tutu o el Dalai Lama. Y abundan los intelectuales y artistas, como Galeano, Chomsky, Mayor Zaragoza, Barenboim, Noa, Juanes, Serrat o Almodóvar.

Recorrido español

El recorrido español del equipo base incluye Barcelona (13 de noviembre), Madrid (día 14) y Málaga (día 15), pero las actividades se prolongarán por todo el país más allá de esas fechas concretas.

En realidad, toda la Marcha Mundial se dejará sentir durante los 90 días en todas partes, y no faltarán fechas clave que le sirvan de prólogo. El 6 y 9 de agosto, por ejemplo, se recordarán los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki, y el 21 de septiembre se celebrará el Día Internacional de la Paz.

En el caso hispano, la Marcha Mundial por la Paz y la No Violencia se ha encontrado un “inesperado” aliado de máximo rango político, al ser nombrado ministro de Educación Ángel Gabilondo, que apoyó la iniciativa cuando aún era rector de la Universidad Autónoma de Madrid y presidente de la Conferencia de Rectores. A De la Rubia le encantaría que el Gobierno español tomara una posición tan activa como el chileno, que al compromiso personal de la presidenta Michelle Bachelet ha añadido la organización de un seminario para todas las fuerzas armadas del continente americano para “revisar las funciones de los ejércitos y el desarme”.

La mejor vía para informarse y sumarse a la iniciativa es la página de Internet www.marchamundial.es

El juez Pedraz interroga a una víctima protegida de Tíbet

El juez de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz tomará declaración este martes como testigos a la abogada internacional Terri Marsh, ejecutiva para Estados Unidos de la Human Rights Law Foundation, y a una víctima tibetana protegida que abandonó el Tíbet y reside actualmente en Nueva York, en relación con la causa que investiga su Juzgado sobre la posible comisión de delitos de lesa humanidad contra la población tibetana por distintos miembros del Gobierno chino.

El magistrado iniciará con estas dos declaraciones una ronda de testificales que se prolongará hasta el próximo lunes. La causa, admitida a trámite por el juez en agosto, está dirigida contra el actual ministro de Defensa chino, Lian Guanglie; el ministro de Seguridad del Estado y viceministro de Seguridad, Geng Huichang; el secretario del Partido Comunista chino en la Región Autónoma de Tíbet, Zhang Qingli; el miembro activo del ‘Politburó’ en Beijing, Wang Lequan; el líder de la Comisión de Asuntos Etnicos, Li Dezhu; el general Tong Guishan, comandante del Ejército de Liberación Popular de la capital del Tíbet (Lhasa); y el general Zhan Guihua, comisario político del comando militar de Chengdu.

El pasado 5 de agosto, Pedraz ha aceptado la competencia de la jurisdicción española para investigar los hechos al entender que podrían constituir “delitos de lesa humanidad contra la población tibetana”.

Recuerdos del Tíbet

Recuerdos del Tíbet

Vivencias de una ciudadana común de Beijing enviada a Lhasa tras la ocupación comunista en marco del adoctrinamiento del régimen a la población tibetana

Por Renate Lilge-Stodieck – La Gran Época

El Palacio Potala Plaza en Lhasa, en la región autónoma del Tíbet. Tanto los chinos como los tibetanos luchan por convservar sus raíces culturales. (China Photos/Getty Images)

El Palacio Potala Plaza en Lhasa, en la región autónoma del Tíbet. Tanto los chinos como los tibetanos luchan por convservar sus raíces culturales. (China Photos/Getty Images)

“Cuando pienso en el Tíbet –comenta una china Han de contextura física pequeña, ahora con sesenta y tantos años–, más de 20 años de penalidades reaparecen en mi mente. Veinte años, en los cuales hubiera preferido vivir y trabajar en Beijing, donde mi hijita habría permanecido siempre conmigo”.

En 1960, la joven artista viajó a Lhasa como integrante de un grupo de danza y teatro, no voluntariamente sino “por órdenes de más arriba”, del partido comunista chino (PCCh). Su familia pertenecía a aquellos con “raíces negras”. Provenía de una familia burguesa que estaba bajo el riguroso escrutinio de los cuadros del PCCh; razón suficiente para seguir las órdenes sin oponerse, especialmente desde que su esposo fuera enviado a Lhasa con el ejército para la ocupación del Tíbet en 1959.

El primer tramo del viaje en tren al Tíbet fue difícil, pero no tan extenuante como el resto del viaje dentro del país en camiones con gran traqueteo durante cinco días: cruzando montañas de cinco mil metros de altura por caminos que ni llegaban a ser tales. Dolores de cabeza asolaban todo el tiempo a los integrantes del elenco, quienes aún debían acostumbrarse al clima de Lhasa. Pero sus quejas no tenían esperanzas de ser consideradas.

El grupo fue hospedado en un viejo monasterio budista aún intacto, cuyos monjes habían huido antes de que los soldados llegaran.

“Lo que no me gusta decir, porque entiendo que los tibetanos luchan por su libertad, es que la población y el país se encontraban en un estado de mucho subdesarrollo. Venían de una noción particular de la higiene y jerarquías estrictas”. “En el sótano del monasterio (nuestra sala de ensayo), encontramos señas de una prisión y evidencias de tortura”.*

“No les temíamos a los tibetanos; no obstante, en las tardes no se nos permitía salir a las calles, y en otros momentos solo podíamos salir de a tres. [El régimen chino] nos hacía bailar en los altares de los templos. No teníamos miedo o, por lo menos, no lo mostrábamos”, dice ella, que aún le preocupa ponerse ella o a otros en peligro, así que prefiere no dar nombres ni detalles. Es que, según cuenta, el largo tentáculo del PCCh siempre está al asecho de aquellos que piensan fuera del marco o que son “libre pensadores”, para silenciarlos.

La segunda ola de destrucción de la cultura tibetana continuó a fines de los sesenta en el marco de la ‘Revolución Cultural’. Ella y sus colegas habían sido recluidos en un grupo destinado tanto a entretener a los militares chinos como a adoctrinar a la población autóctona. Entretanto, según cuenta, grupos de tibetanos fueron entrenados por Beijing durante al menos tres años, aunque no solo en danza y canto, sino también en sesiones de lavado de cerebro del partido.

‘Profundas censuras en nuestras cabezas’

Después del nacimiento de su hija, los padres primerizos estaban extremadamente tristes de verse obligados a enviar a la niña sola a Beijing, ya que los niños chinos Han rara vez toleran el duro clima montañoso del Tíbet. Entre las tías la criaron durante tres años, pero como estaban enfermas o atemorizadas de la persecución del partido, la chiquita se convirtió en una “niña viajera”.

Tres años más tarde pudieron traerla finalmente a Lhasa; pero, al llegar, la pequeña sufrió un colapso circulatorio. Con la niña en brazos, la madre corrió al hospital, donde fue rechazada. “Nunca antes me había arrodillado ante un hombre, pero me lancé al suelo ante el primer médico que se cruzó en mi camino y le supliqué que salvara a mi hija”, cuenta.

“Y el terror de la Revolución Cultural de los guardias rojos aún estaba por venir. A todos los artistas e intelectuales se los envió a trabajar en los campos agrícolas, tal como mi esposo, que tuvo que ser un leñador en los bosques”.

Profundizando su reflexión, la mujer suspira: “En contra de nuestra voluntad, nosotros, los chinos Han, fuimos llevados a un país cuya lengua y costumbres no entendíamos y a donde nunca habríamos ido voluntariamente. Los tibetanos tenían que tolerarnos porque la influencia de los tanques y las armas era superior a su capacidad para resistir.”

“A principios de los ochenta, al fin, pudimos regresar a Beijing con nuestra hija, pero el pueblo chino allí tampoco es libre de la persecución comunista. Es vigilado y espiado cada día, igual o tan visiblemente como a los tibetanos. Nuestros sensores internos en nuestras mentes siempre controlan lo que debemos decir y nos envían señales de peligro. El Terror Rojo permanecerá lo que el PCCh se sostenga en el poder, o hasta que el pueblo se levante y lo expulse”.

Nota editorial: La estructura social monástico-feudal y la alegada práctica de la tortura en Tibet constituyeron la bandera de la ocupación del partido comunista chino en 1959 y continúan siendo sus argumentos actuales. En base a las evidencias históricas, ningún tipo de posible abuso o maltrato por parte de las anteriores jerarquías tibetanas es comparable con el sometimiento, la tortura, las ejecuciones y el genocidio cultural aplicados sistemáticamente por el régimen comunista a la población tibetana desde la mencionada incursión militar.

Campos de tortura a metros de instalaciones olímpicas

Campos de tortura a metros de instalaciones olímpicas

La Coalición para Investigar la Persecución a Falun Gong (CIPFG) presenta una guía a los campos de trabajo forzado ubicados a un paso de las sedes olímpicas

Por Shar Adams – La Gran Época
06.08.2008 14:42
  Mapa de Beijing con la ubicación de campos de trabajo forzado. (CIPFG)

Un informe con mapas, información y direcciones de los campos de trabajo forzado y centros de detención ubicados en las ciudades olímpicas. La Coalición para Investigar la Persecución a Falun Gong (CIPFG), pone a disposición de los periodistas esta guía con información sobre los centros de tortura en Beijing, Tuanhe, Qingdao, Shanghai, Tianjin, Qinhuangdao y Shenyang.

El informe, titulado “Tortura cerca de la Villa Olímpica: Guía a los campos de trabajo forzado de China”, incluye números de teléfono de los campos de trabajo forzado y de las “oficinas de vigilancia” locales, además de experiencias personales de ex detenidos. Phil Glendinning, director del Centro Edmund Rice y portavoz de CIPFG Australia, dijo que el informe es de “vital importancia” para todos los que viajen a China, en especial, los periodistas.

“Cualquier periodista que viaje a China necesita tener acceso a toda la verdad, de lo contrario, se van a ir con solo la mitad de la historia”, agregó.

La gente que lea el informe se “conmoverá y disgustará” al darse cuenta de lo que está pasando muy cerca de las sedes olímpicas, dijo, y es importante recordar que Beijing se eligió como sede olímpica con la idea de mejorar las condiciones del pueblo chino.

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Pekín 2008: apertura de las Olimpiadas más controvertidas de la historia

Pekín 2008: apertura de las Olimpiadas más controvertidas de la historia

Preguntas prohibidas, temas sensibles, custodia extrema y asistencias compradas. La cuenta regresiva ha terminado ¿Que esperar de la “fiesta del deporte”?

Por Lic. Josefina Padilla – La Gran Época
 
La cuenta regresiva ha terminado ¿Que esperar de la “fiesta del deporte”? (Feng Li/Getty Images)

Cada uno de los 70.000 taxis que recorren la ciudad de Beijing, podrían poseer una cámara y micrófonos ocultos, según fuentes del Wall Street Journal. Una mega red de espionaje jamás soñada por ningún gobierno del planeta acecha cada movimiento en la capital de Asia. Ciento diez mil policías armados y la friolera de un millón cien mil “voluntarios” custodiarán las calles, alojamientos, la Villa Olímpica y a los miles de visitantes que, dada la altura de las circunstancias, ya no pueden distinguirse entre un turista común y un manifestante deseoso de desplegar una pancarta de un momento a otro.

En vistas de una imagen esplendorosa, las calles de Beijing ya han sido limpiadas de indigentes y trabajadoras del sexo hace mucho tiempo. Las viviendas aledañas a las instalaciones olímpicas, demolidas. Los disidentes y posibles agitadores, detenidos. Sin embargo, la paranoia no ha podido ser desplazada del aire capitalino en China. La policía y las fuerzas militares, si acaso cabe la distinción en un país completamente militarizado, son obligados a desarrollar un sexto sentido en pos de un objetivo imposible: controlar una masa de gente, en la que cada uno es un posible sospecho.

 

No pregunte. No responda

 

La “Etiqueta al comunicarse con los extranjeros”, dada a conocer por medio de carteles exhibidos en la zona céntrica de Beijing, poseen ocho “No pregunte”. Fue ideado para que los ciudadanos no tocaran “temas sensibles” al charlar con extranjeros. Edad, ingresos, vida sexual, salud, fe religiosa, ideas políticas o experiencias personales están incluidos entre los no pregunte. Básicamente, las autoridades chinas desearían que los chinos solo se manifestaran con una sonrisa ante los extranjeros, sin inmiscuirse en diálogos que pudieran ofender a estos, o entrar en comparaciones con el estándar de vida fuera y dentro de lo que algunos periodistas han titulado como “la cárcel más grande del mundo”.

De igual forma, los periodistas extranjeros son instados a no preguntar sobre asuntos internos que solo “atañen al gobierno de China”. Así, la Special Broadcasting Service (SBS) dio a conocer recientemente la lista de los cinco temas sensibles acerca de los cuales la prensa australiana, y en especial la Seven Beijing Media Centre (7BMC), subsidiaria de Seven Network y alcaldía de la capital de China, debía omitir si pretendía cubrir los eventos durante las Olimpiadas. La independencia de Tíbet, la independencia de Taiwán, los musulmanes de la provincia de Xinjiang, la disciplina espiritual Falun Gong y los disidentes políticos son los tópicos nombrados en un mensaje electrónico que un ejecutivo de 7BMC no supo ocultar a la vista pública y que mantiene a la Federación Internacional de Periodistas (FIJ) preocupada por la situación de China.

Los accesos a muchos sitios web también han sido debidamente bloqueados para “proteger a los ciudadanos” de informaciones sensibles, así como los micrófonos de los automóviles “protegen” a los conductores de posibles pasajeros terroristas.

La vigilancia incluso se expande hacia esferas extraoficiales, incluyendo a meseros, chóferes, empleados de tienda y todo aquel que pueda jugar el rol de oído para el régimen comunista, informando de cualquier movimiento sospechoso por parte de locales o invitados.

Las tres áreas específicas para realizar protestas se encuentran muy lejos de las instalaciones olímpicas, y en opinión de muchos periodistas, ninguna manifestación real más que las montadas por las autoridades chinas podrá ser concretada en aquellos reductos de fantasía.

Los Juegos Olímpicos del Partido Comunista Chino fueron planificados para brillar; para demostrar al mundo quien es la autentica y magnánima futura potencia. Sin embargo, las chances de que tal paz repose sobre una China convulsionada no son muchas. ¿Aplaudirá el público como lo hizo en la Alemania Nazi de 1936? ¿Ignorará el mundo, como lo hizo en Argentina durante el Mundial de Fútbol de 1978, la matanza y crueldad que se esconde bajo el sótano? ¿Correrá Beijing la misma suerte, como lo hizo Mussolini en 1934, de que el pueblo olvide el genocidio para contentarse con el espectáculo?

Muy probablemente, las Olimpiadas del régimen comunista chino no corran con la misma suerte. Si la humanidad supo aprender la lección, los festejos no ocultarán el genocidio. Si la “fiesta” no logra tapar los lamentos de miles de inocentes, querrá decir que la humanidad aún tiene una esperanza.

Persiste la tensión en las zonas tibetanas escenario de protestas

Persiste la tensión en las zonas tibetanas escenario de protestas

 REBKONG, China (AFP) — Cinco meses después de las violentas manifestaciones de protesta en las zonas tibetanas del oeste de China sigue existiendo una fuerte corriente subterránea de tensión y los habitantes tienen demasiado miedo para hablar con los extranjeros.

“Ustedes son vigilados, y a nosotros también nos vigilan”, dijo un tibetano que se negó a revelar su nombre por miedo a represalias, en Rebkong, una ciudad enclavada en la montaña y célebre por sus tres monasterios budistas tibetanos.

Hay varias docenas de ciudades como Rebkong en el oeste de China con población tibetana donde se registraron manifestaciones contra el dominio chino sobre esta región del Himalaya, un período negro para las autoridades comunistas del país mientras se preparaban para los Juegos Olímpicos de Pekín.

Los disturbios comenzaron en Lhasa, la capital de Tíbet, el 14 de marzo, después de cuatro días de manifestaciones pacíficas contra Pekín, y se extendieron a las regiones vecinas habitadas por tibetanos, incluyendo la provincia de Qinghai, donde se encuentra Rebkong.

China reaccionó enviando una presencia militar masiva para aplastar los movimientos de protesta e impidiendo el ingreso de los periodistas extranjeros y de los turistas. Estas acciones fueron condenadas por los líderes del mundo entero y numerosos grupos de defensa de los derechos humanos.

Los dirigentes tibetanos exiliados afirmaron que 203 personas murieron en esa represión. Sin embargo, China indicó que había matado a sólo un tibetano “insurgente” y acusó a los “amotinados” de ser responsables de 21 muertes.

Los activistas dijeron que 140 personas fueron detenidas en Rebkong durante las mayores manifestaciones que se produjeron allí en abril.

Desde entonces, China permitió que los extranjeros volvieran a Tíbet y a otras zonas donde se produjeron disturbios, y una apariencia exterior de normalidad reina actualmente en Rebkong, también llamada Tongren en chino.

Las ocasionales patrullas militares y de automóviles policiales son lo único que recuerdan a los visitantes esas manifestaciones, y la tensión sólo es evidente porque muy pocas personas se atreven a hablar con los extranjeros.

“No sé”, o “todo está bien”, fueron las respuestas que se obtuvieron a las preguntas sobre la situación actual.

Los tres monasterios que se encuentran en el interior y alrededor de Rebkong -Longwu, el Alto Wutun y el Bajo Wutun- fueron reabiertos a los turistas, incluyendo a los extranjeros, después de haber estado cerrados hasta fines de junio.

A lo largo de la carretera desde Xining, la capital de Qinghai, que avanza a través de acantilados barridos por el viento a lo largo del Río Amarillo, sólo fue necesario atravesar un puesto policial, que permitió el paso del automóvil después de controlar el permiso de conducir del chófer.

Pero un monje en el monasterio de Wutun, que se negó a dar su nombre por temor a represalias, dijo que todavía hay muy pocos turistas.

“No hay muchos turistas, debido a la situación anterior, pero nosotros no debemos decir nada más”, señaló.

La tensión también era evidente en Taktser, o Hongya en chino, el lugar donde nació el líder espiritual tibetano, el Dalai Lama, enclavado en las montañas cerca de Xining.

El viaje desde Qinghai, que lleva varias horas, se realizó sin problemas, y los puestos policiales que según las informaciones cerraban las rutas durante los meses de marzo y abril, en el apogeo de las manifestaciones, habían desaparecido.

Pero una vez frente al complejo cerrado que otrora alojara al joven Lhamo Thondrup, nacido en 1935, hasta que fue identificado como la reencarnación del decimotercer Dalai Lama, un vecino se acercó para decir que la visita de extranjeros no estaba permitida.

“Debemos partir, o usted tendrá problemas, y yo también”, advirtió el conductor.